miércoles, 26 de octubre de 2011

Medicina Alternativa

Y a propósito del día del médico...

Siempre he sido de las personas que piensa que la mejor medicina para el cuerpo humano no siempre viene en cápsula. En algunas ocasiones prefiero recurrir a la receta de la abuelita antes de sucumbir al remedio medicamentoso.

Sin embargo, y con un par de dolores muy específicos, no me lo pienso dos veces e inmediatamente recurro a la forma tradicional. Benditas drogas!

Durante mi transitar en esta vida me he topado con diversas prácticas enfocadas en la curación. Desde la herbolaria, la digitopuntura, la homeopatía y en últimas fechas el manejo de energía.

Este último no deja de sorprenderme. Hoy fui testigo de una curación a través de una foto tomada con un celular, una frase en hebreo atada a un péndulo de madera que colgaba de un hilo rojo y mucha fe, porque al final del día ese es el gran secreto.

Todo comenzó cuando ella tomó su celular y buscó la foto de su "paciente". Después tomó el péndulo y escogió la palabra "Luz" y con una pequeña liga la ató alrededor del pedazo de madera. Acto seguido lo puso sobre el celular e inmediatamente el péndulo comenzó a balancearse y a girar haciendo círculos alrededor de la imagen. Según ella, la energía de su "paciente" se equilibraría a raíz de este ejercicio.

Comencé a abordarla con preguntas, que si estudia la Kabbala, que si ella cree en eso, cuáles son los beneficios, etc. y de allí en dos segundos terminé pasando un imán sobre mis chakras para saber si estaban alineados. Al parecer, pasé la prueba.

Lo cierto es que ella hace un par de días me enseñó un truco de digitopuntura que sirve para equilibrar tu interior. Créanlo o no, lo puse en práctica y una amenaza de gripe se convirtió en nada.

Me sorprende sí, porque cuando los cambios de temperatura tocan a mi puerta la enfermedad es inminente.

Suerte? Fe? Síntomas que me pusieron medio hipocondriaca? No lo sé, pero no cuesta, es fácil de hacer y si me mantiene saludable bienvenido sea!


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jueves, 29 de septiembre de 2011

Hablemos de Turismo

Hace un par de días se conmemoró el Día Internacional del Turismo. En México, el 2011 también ha sido declarado el año del Turismo. Tal pareciera como si los reflectores voltearan hacia esta pequeña y no bien considerada parte de nuestra economía y riqueza cultural.

Empezando el segundo cuatrimestre del año, se llevó a cabo la 1ra Reunión de Turismo Arqueológico en la Cd. De México. Allí la importancia del trabajo del INAH así como su colaboración con otras instituciones del ámbito turístico se dieron a conocer. Así mismo se instó a los participantes a promover los nuevos sitios arqueológicos que durante el sexenio han venido colocándose en el mapa.

Se hablaba entonces de Cañada de la Luna, un sitio ubicado en el estado de Guanajuato al que para llegar, hay que recorrer 1 km a pie a través de una ranchería y que sin dudar conquistaría al visitante pues es un observatorio celeste. Pequeño en tamaño en comparación con los ya conocidos pero ofreciendo una nueva experiencia arqueológica y en un estado que pudiera no imaginarse este tipo de construcciones en su geografía.

También se habló de los casos de éxito, como lo es el sitio de Xochicalco en Morelos y la sustentabilidad del proyecto de luz y sonido que este ofrece. Se trató de no dañar las estructuras al momento de instalar los cables e iluminación para el espectáculo, así como la disposición de los visitantes estratégicamente colocados fuera del sitio para apreciar mejor el show y evitar el deterioro de los edificios.

Y así le llegó el turno a la presentación del Huaca de la Luna. Desde Perú la cultura Moche hizo su aparición. Mostrándonos que estamos en pañales en cuanto a sustentabilidad y sostenibilidad arqueológica y turística. Donde un caso de éxito debería servirnos de guía para los nuestros, preocupándonos por aplicar los conocimientos de los antiguos y tratar de adaptar nuestra modernidad a esos espacios y no al revés.

Así la cultura Moche nos enseñaba el camino que tomará para sonar tan fuerte como los Incas, que Perú no es sólo Machu Picchu y que hay mucho por hacer en cuanto a promoción, cultura y preservación turística.

Este caso de éxito nos muestra que ningún espacio arqueológico es pequeño y mucho menos la carga cultural que representa. Lo que nos enseñan los Moches es que querer, es poder. Tanto en la preservación como en la difusión.

En México tenemos el potencial, falta guiarlo, darle una mejor visión a las cosas, dejar de ser tan cuadrados y cambiar nuestra concepción del turismo no sólo hacia sol y playa, sino a todas las variantes que hay. La vida misma es turismo en sí. Hagamos muchas por y para el turismo.


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miércoles, 24 de agosto de 2011

El concierto

Dum, dum, dum, dum, dum... La música comienza a sonar, la oscuridad va cediendo a la silueta que se dibuja detrás del telón donde se reflejan sus iniciales: MB.

La piel chinita, el nudo en la garganta, los ojos incrédulos y la voz ahogada en un grito al que se unen 10 mil personas más. El sentimiento incontenible. Ocho largos años de espera para que por fin se cumpla el sueño.

"Now you say you love me..." Allí estaba él, con sus brazos extendidos, vestido con un traje gris, la sombra de barba en su cara, sus ojos cerrados mostrando toda la emoción que impregna al entonar cada palabra, cada estrofa. Entregándose a su público, al escenario que no necesita llenar con grandes escenografías ni bailarines pues su sola presencia cumple con su cometido.

Allí estaba yo, reponiéndome de la emoción al descubrirme tan cerca del escenario. Dos, tres metros? No lo sé, lo cierto es que casi podía palparle.

Era increíble, el viaje comenzaba. "Soy Miguel Burbuja", se presentó en español. El idioma no le cuesta trabajo, no en balde la raíz italiana y su matrimonio con una latina.

Su carisma, su humildad y las ganas de hacer que su público pasara un buen rato, comenzaron la "mexican fiesta". Agradecía una y otra vez el apoyo de la gente, el caluroso recibimiento al tiempo que se tocaba con la mano derecha el corazón transmitiendo fascinación a los asistentes.

No podía parar de gritar. Tan incrédula y esperanzada a la vez me sentía antes del concierto que las horas se me hicieron eternas. Ni en mis años de secundaria recuerdo haber sentido una pasión por algún artista como por él.

Me conquistó su voz, su facilidad interpretativa, la selección de clásicos del jazz y blues, y su sello personal. Aquella irreverencia, la ligereza de su carácter, vaya encontraba casi a mi alma gemela.

Atractivo no es, mas su belleza no radica en su piel y ojos claros. Es en su formación, en su manera de conducirse donde se haya la diferencia. Eso es lo que me gusta de él.

Yo no estaba al centro del lugar, me hallaba del lado izquierdo y esperaba pacientemente a que caminara hacia allí y pudiera verle tan de cerca para pellizcarme y comprobar que no soñaba.

En un momento sucedió, mis ojos encontraron a los suyos, un momento fugaz acompañado de gritos y de manos que se alzaban buscando las suyas. No se paralizó al contemplarme ni dejó de cantar al verse deslumbrado por mi belleza, pero yo sí. Volviendo a gritar cual quinceañera cuando se alejó y camino de nuevo al centro del escenario.

Antes de entrar al recinto, los elementos de seguridad revisaron mi bolsa, me preguntaron si llevaba cámara fotográfica y mentí. No la escondí, simplemente no se veía y yo rogué por que no la hallaran para usarla de contrabando. Así fue.

Sé que estuvo mal, que debí conformarme con la del celular pero no fue así. No podía dejar pasar el momento y, arriesgándome a que me quitaran la cámara ya comenzado el concierto, la usé. Eso sí, no sé si lo vuelva a hacer.

Al llegar a mi lugar, me encontré sentada junto a una chica quien, al igual que yo, se sentía emocionada por la proximidad del escenario. Entablamos conversación y ella me platicaba de lo bien que había resultado el día para ella y su hermana.

Habían llegado por la mañana a la ciudad, venían de Oaxaca y habían pasado el tiempo paseando hasta que a las 5:30 pm se sentaron en la puerta del lado izquierdo del auditorio, la puerta por donde entran los artistas. Solo ellas vieron llegar el par de camionetas negras de donde bajó Michael para saludarles, firmales un autógrafo y tomarse una foto con ellas antes del show.

A nuestra plática se unieron una señora y su hija, ellas eran de Veracruz y nos compartieron su experiencia para disfrutar del concierto. Nosotras venimos en un tour, me dijo la señora y también cuando se acabe el concierto nos regresamos.

La plática se animaba cada vez más cuando por fin, Dum, dum, dum, dum, dum... Las notas de Cry me a River se hacían escuchar.

Tuve la oportunidad de asistir a los dos conciertos que MB dio en la ciudad. Uno no supera al otro. Los dos fueron especiales, mágicos, inigualables. Lo cierto es que él dijo que regresará. Lo innegable es que haré lo posible para volver a estar cerca del escenario cuantas veces sea necesario.


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